Hoy tropecé con una palabra

viernes, julio 02, 2004

Hoy tropecé con una palabra justo cuando estaba haciendo equilibrio en la barandilla de un puente muy alto y casi caigo hacia el lado en que no se veía el piso, porque era un puente altísimo, tan alto que las nubes pasaban al lado mío o me atravesaban, mojando toda mi ropa.
Tuve suerte de que fuera un adjetivo, los adjetivos son las más dóciles palabras con las que uno puede tropezar, si hubiera sido un verbo seguro me caía, ni qué hablar de los sustantivos, ya sea uno propio o ajeno, cómo si esto hiciera diferencias.
Los verbos son duros y racionales, quieren dominar a las demás palabras a través de la acción, que tan bien llevan a cabo, como puede comprobarse en sus conjugaciones, donde cambian de forma hasta hacerse irreconocibles, maestros del camuflaje.
Los adjetivos, hermosos seductores, logran marearlos o convencerlos temporalmente acerca de ciertas cosas, un verbo enamorado de un adjetivo es lo más tonto que pueda existir, en ese momento el adjetivo toma el control -si no es que lo tuvo siempre, aunque el verbo no lo reconozca- y cuando los adjetivos toman el mando hay que tener cuidado, sobretodo si se es de corazón sensible.
Nada hay tan hermoso como un adjetivo, hay que reconocerlo, ellos solo describen situaciones como no queriendo decir nada (comparadas con las explicaciones extensísimas de los verbos, que parecen decirlo todo) pero demuestran tener siempre una mayor influencia que cualquier razonamiento, por rebuscado que sea.
De los sustantivos mucho no se puede decir, son tan interesantes o tan indiferentes como uno quiera, hay que reconocer que plantean enormes discusiones entre adjetivos y verbos, pero solo a un nivel científico teórico podríamos decir, o sea, si bien una pasión, limitada.
Los verbos ven en los sustantivos algo unívoco, que se nombra por si mismo y no requiere interpretación alguna, los ven como ven a los niños, y es allí donde reside el principal conflicto con los adjetivos, que también los ven como a niños, pero hay que decir que los adjetivos lo ven todo en los niños, la verdad, el ejemplo, etc. Por tanto, los adjetivos ven en los sustantivos lo que cada uno quiera ver, y esto resulta intolerable para los verbos, que no se dan cuenta de que ellos hacen lo mismo con las múltiples funciones que le derivan a un solo sustantivo, en plena contradicción con su teoría de la univocidad.
En el fondo no hay mucha diferencia entre adjetivos y verbos, la diferencia es mas bien estética, lo que no es poca cosa, muchas veces es lo más importante.

03-04-99
05:17.

De tanto en cuento aparecen los acentos para reafirmarlo o negarlo todo, saltan de palabra en palabra dándole música y baile a la oración.
Los acentos no saben muy bien lo que quieren, no llevan una vida ordenada ni se ponen del lado de nadie, solo les gusta la diversión.
Un acento es incapaz de entender tanto a un sustantivo como a un adjetivo o un verbo, y estos tres no los entienden a ellos, pero les prestan mucha atención y cuidados, tratando siempre de incorporarlos al sistema lingüístico, al cual los acentos no tienen el menor interés en pertenecer, aunque les encante vivir en ese sistema, pero eso si, sin pertenecer.

dino wanionok
16-04-99
03:04

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